Poesía sin Respeto

Poemas sobre el origen

A manera de juego

Me dijeron que me habían encontrado en un arroyo,
mi madre es blanca y yo de tez morena.
No hay fotos mías recién nacida,
ni tampoco una manilla de hospital de recuerdo.

Dicen que nací en casa de mi abuela con comadrona y a la antigua.
Que escandalicé a todo el pueblo el 3 de marzo a medianoche,
tenía hambre, no había calostro en mi madre,
solo agua de manzanilla.

A manera de juego,
me dijeron que cuando nací las estrellas brillaban más
y que para mí había una guardadita.

Nací con mi cara redondita,
mi piel canela, sin cabello, rellenita,
en medio de un aguacero por allá en un pueblo,
frente a un arroyo.

Eso me dijeron.

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Sangre

Nací envuelta en hojas de tabaco,
oliendo a café,
en el vientre oscuro de una montaña llena de oro.

Nací enredada en hilos,
cruzando puentes,
entre ojos africanos
encadenados al mar.

Crecí entre perfumes de mujeres,
entre rinrines y renacuajos.
Me bañaron manos llenas de leches
y mantequillas.

Mi sangre sabe qué es morir de amor
y beber espantos.
Mi sangre sabe olvidar rosarios
y domar caballos.

Soy esta historia
y una suma de rizos.

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Nací

Sorpresivo rayo de luz de marzo que llegó para tibiar la casa.
Fuerza, vida y esperanza de un hogar que olía a hijos maduros.
Fui la pequeñez envuelta en ilusión sobre los brazos cansados de mi padre viejo.
Fui susurro de expectativa y anhelo en los oídos de mi impávida madre.
Nací de ellos, crecí con ellos hasta que la tierra los reclamó de nuevo.

Vengo de esa casa donde mi faro eran las letras
que desembocaban en la guitarra de mi padre.
donde olía a avena, leche y panela
donde me vestían con besos
donde me dormía en sosiego.

Nací escribiendo y escribo cada vez que nazco
porque cada línea en mi libreta es un nuevo parto de mi madre.

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Estaciones

Vengo del invierno,
día catorce
luna nueva
dulce diciembre
en una noche serena.
Mi madre,
cansada de llorar, gritaba,
cansada de luchar, luchaba,
paría una niña, una montaña
fría, silenciosa y blanca.

Vengo de la primavera,
sostenida de manos fuertes
en flores femeninas,
del resplandor de los suspiros eternos
y la magia del deshielo en poesía.
Mis familias
unían sus voces,
encontraban sus miradas,
soles encubiertos
que otrora no brillaban.

Vengo del verano,
del extenso día
de mucho trabajo,
del color de los ochentas,
y el calor del café perlado.
Mi abuela,
su espera
y sus cálidos abrazos,
como luz incandescente
de mi alma, el amor y el faro.

Vengo del otoño,
de la brisa bogotana
y la neblina pamplonesa,
del olor a tierra húmeda
y de acema santandereana.
Las letras,
cual refugio de silencios largos
y ausencias estrelladas
que entre fábulas y cuentos
fueron origen y fin de las duras temporadas.

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Mística

No es la respuesta a la petición lo que me interesa,
es la forma en la cual la aceptas o la niegas lo que me motiva.

Religión, dioses y templos los conozco.
Literatura, héroes o villanos, ladrillos me han presentado.
Rezo cuando estoy asustado, oro cuando estoy agradecido.

No sé a quién lo hago,
dirijo a los nombres que aprendí de mamá y que ella aún venera,
pero en mis conversaciones siento que hablo con alguien que es aire, agua, tierra y fuego.

Nadie contesta pero encuentro respuestas
Gravitan en mi cabeza y estómago
Las veo adentro
Escaneo mi cuerpo y mi mente tratando de aprehenderlas
Pero se adhieren impetuosamente a todo el cuerpo
Por alguna razón fortalecen algo cerca al pecho
E inflan mi humanidad semejante.

—Si pudiera definirte, serías espíritu.
—Si pudiera abrazarte, serías humano

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Una cuestión numérica

Dentro de mí habita esa primera

La bebé recién nacida,
la que lloraba, dormía y comía
como único pasatiempo.

Dentro de mí también está la segunda

La niña pequeña
la inocente que jugaba con peluches,
armaba casitas, leía cuentos
y hablaba con voz quedita

Dentro de mí vive la tercera

La niña ya no tan pequeña,
la que empieza a leer más,
la que habita en la inocencia
y en la astucia

Dentro de mí trabaja la cuarta

La niña del colegio
que se defendía, reía,
charlaba, estudiaba

Dentro de mí sonríe la quinta

La niña que estudia desde casa,
la que ríe y aprende,
llora y se confunde,
pero que a la vez vive, crece y madura

Dentro de mí, en un rinconcito, está la sexta

La que se quedó en Medellín,
la que usa de ancla sus recuerdos
para no ahogarse

Dentro de mí trato de destruir a la séptima

La que…no, mejor no hablar de ella

Dentro de mí está la octava

La que les escribe este poema,
la que sueña, lee y vive feliz

Dentro de mí también viven muchas más,
pero están todas dormidas
y no podemos hacer más que imaginarlas

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El valle de mi barbilla

Mi barbilla se divide en tres,
un pequeño valle
se forma entre las cordilleras de mi mentón.

En ese valle está mi padre,
mi abuelo y mis antecesores.
Se ocultan
y con sigilo
me susurran en sueños,
me guían entre laberintos
y me recuerdan que soy parte de un gran árbol,
cuyas raíces se extienden
por muchas manos,
por muchos rostros
por muchas barbillas con agujeritos.

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Pueblos fantasmas

Al lado azul
de mis recuerdos,
el viento imponente
se llevó la evidencia.

Un viejo Siete Cueros
fue el primer lugar
donde imaginé
pueblos fantasmas.

Palpaba su corteza
como recorriendo
la piel del abuelo
que nunca conocí.

Se enteró de todos mis temores,
mis tristezas,
mis logros
y mis inocentes deseos.

Un día sus hojas
perdieron el brillo,
al otro los pájaros
se fueron de los nidos.

Me despedí de él
sabiendo
que su savia
ahora me recorre a mí.

Y que sin ese viejo árbol,
yo no sabría
lo que significa
ser eterno.

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Procedencia

Vengo
De un camino a ratos
Con pastos verdes a pies descalzos.
Mañanas con olor a arepa,
queso de hoja y por supuesto, café.
Tardes de rodillas raspadas
y ojos cuadrados frente a la tele.
Noches con tareas atrasadas
y peleas cazadas entre hermanos.

Vengo
De un camino a ratos
De estar entre una coma y una Y.
-La hermana del medio-.

Vengo
De un camino a ratos.
Aprendiendo a caminar
Un paso, luego otro. Tropiezo.
Vista abajo-Reconozco el terreno
Al frente-Cuido de no estrellar
A los lados-Aprecio la compañía
De tanto en tanto
Caídas (lloradas)
De tanto en tanto
Saltadas (Disfrutadas)
Vengo
Dando tumbos pero vengo
Sin saber bien, voy
Y sin darme cuenta, también ya fui.

  • Procedencia

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