Poesía sin Respeto

Néstor Barajas

Soy las canas de mi barba modelo 74, nacido en Málaga, Santander, criado entre vacas y radio novelas. Heredero del cuaderno de forro azul de poesía de mi madre. Cuando leo me doy cuenta que no pertenezco a este mundo, sino al de otro que busca ser encontrado. Soy escritor empírico que juega con las palabras que nacen del corazón. Algún día escribiré una novela para que alguien pueda saber a qué huele un libro nuevo, a vida. También escribiré poesía, para que recopile el pasado de mis andanzas. Escribiré prosa poética, para que al final de mi vejez pueda trascender en un suspiro hacia la reencarnación de mi alma.

Rueda de sueños

Imagina que tenía como cuatro, no años, sino animalillos de esos que se escurren entre la cabeza de los sueños de niños que juegan con ruedas hechas de olvido y que corren por la carretera sin rumbo alguno.

Nadie negaba el derecho a soñar, a correr tras la rueda que se estrella contra piedras que desvían el rumbo de los pensares, haciéndolos duros, tristes, indescifrables.

Así es como los sueños de niño van dando vueltas, a veces se pierden como la rueda, como los recuerdos. Ya he olvidado a qué olían los gladiolos de la huerta y los perros mojados del vecino.

Nunca tuve un gato con nombre que arañara los harapos que cubrían las rodillas curtidas por el polvo que levantaba la rueda que recorrió el camino que me trajo hasta ti. Eres parte de los pies desnudos que pisaron las piedras hirvientes y de la pared por donde huía del colegio.

No importa la sed de las tardes de verano, ni las cometas que nunca se elevaron, solo importa el pedazo de palo que impulsaba la rueda de mi vida, porque dejó huella en la punta de mis dedos diáfanos.

Algún día era lunes, tal vez viernes, la rueda rodó, se perdió en un rastrojo olvidado, la busqué, me espiné, rosas blancas, gladiolos rojos, olores que se olvidaron y presintieron el instante justo para estar aquí.

El otro día desperté y estaba dormido

El otro día desperté,
estaba encerrado en la jaula
y las llaves las tenía en mis alas.

Ayer desperté,
volaba sobre la cima de la gran roca
y miraba el danzar del viento con mis carcajadas,

ayer desperté,
mis manos eran blancas como un cartucho
y leían braille sobre la coraza de tu alma.

Hoy desperté
y era un cesto de mimbre sin terminar,
sin principio, sin fin,

hoy desperté
mirando hacia abajo y era un costal lleno de huesos
sin piel, sin ojos, con alma,

hoy desperté
rodeado de desconocidos que reían y lloraban,
y solo era yo quien miraba al espejo que no tengo.

Mañana despertaré,
me peinaré
Y llenaré los bolsillos con las piedras del olvido.