EXTASIADO
Una cerveza,
una soda
un vaso de agua,
Con ellas calmo la sed.
Pero ninguna es suficiente para calmar mi sed de ti.
Una cerveza,
una soda
un vaso de agua,
Con ellas calmo la sed.
Pero ninguna es suficiente para calmar mi sed de ti.
Las noches, luciérnagas danzantes,
prenden y apagan hasta no brillar más.
Se avista el valle desde las montañas.
Esbeltos edificios,
forjados con sudor y lágrimas,
como Dioses del Olimpo.
Pared, pared, ventana, ventana.
Transeúntes apresurados, esclavitud moderna,
marionetas infelices entre la multitud.
El cielo gris, la ciudad vana.
A mis pies veo brillantes esculturas,
más humanos que la erizada ciudad.
Mientras se cierra el telón Leer más »
Bajo un día colorido,
con rayos de sol de adorno
y árboles de grandes copas,
dos «extraños»,
se miraron,
de nuevo,
directamente al corazón.
Hasta ese momento,
realmente ni ella sabía de él,
ni él sabía de ella,
pues eran,
prácticamente,
dos desconocidos.
Gracias a ese encuentro,
se armaron dos rompecabezas,
un sentimiento retomó su forma,
un reflejo brilló desde adentro,
una semilla quedó plantada.
No se manifestó ningún contacto,
ni proposición sobre la mesa,
sólo hablaron dos verdades,
sólo contaron dos historias,
sólo existieron,
en ese instante,
dos corazones vulnerables.
Si se logró…
un tenaz acuerdo,
una promesa tibia,
una mirada profunda
y una conexión
forjada en lo inexplicable.
Además,
de una lección de aceptación
a la bifurcación de todo camino,
pues, fue así como se desbordó,
todo miedo de un pasado
regido sólo por nostalgia
y todo miedo de un futuro
cargado de incertidumbre.
A merced de la templanza,
bajo silencios constantes,
con una timidez implacable
y alcanzando algunos libros
de pequeñas estanterías,
recuerdo los árboles más altos
que se veían desde la ventana
de mi corta infancia.
Tiempos más cálidos que fríos,
Más soleados que nublados,
más sólos que acompañados,
Pero más vivos que apagados,
formaron una perfecta compañía
junto a las personas indicadas.
Hubo,
Poco de juegos,
poco de personas,
poco de familia,
poco de amigos.
Pero también hubo,
Mucha observación
Mucha curiosidad,
muchas preguntas y,
unas cuantas letras,
o quizás muchas,
que funcionaron
más que como un tren de aterrizaje,
como un mecanismo de despegue,
como un trampolín
para aprender a llevar la mente
a cualquier lugar
regido por la imaginación.
Te digo adiós desde la calma,
suelto tu mano y avanzo sin mirar atrás,
otros caminos me esperan.
Tu imagen se borra,
como pintura en el agua se desvanece.
Algunas pinceladas quedaban de un lienzo,
donde el amor fue grande,
se hizo palabras y se volvió paisaje.
Pero el tiempo ha pasado y lo ha borrado todo,
ya no hay nitidez ni color.
Me pierdo en la inmensidad del olvido,
pero camino dejando huellas.
Tengo tanto por pintar
que cada día te olvido más.
Atrapamos cocuyos al lado de la quebrada, a veces los confundimos y cogimos estrellas del cielo.
Inventamos canciones, hicimos desafíos, comimos helado, los domingos donde la abuela.
Construimos faroles, corrimos por la cuadra, soplamos los quemados, prendimos los apagados.
La playa nos conoció, hicimos castillos de arena, espiamos cangrejos, juntas rompimos las olas del mar.
El monte nos sumergió, le huimos a vacas y toros, dejamos huellas en caminos, llegamos a ríos y cascadas.
Las bifloras de mamá, la pecera de papá, el pionono de aniversarios, nuestras primeras mascotas.
Estas, breves reminiscencias, de dos pequeñas aves.
La explosión de placer cuando sembré la semilla
La emoción de sentirte crecer en mi vientre
Cuidarnos los tres para tenerte cuerpo a cuerpo
Sacar tu alimento de mi cuerpo
Cambiarte de alimento para que seas tu
Pan y cultivo se vuelven todo tu alimento
Aprender que también existen otros
Para abrazar, reír, llorar con ellos
Aprendo, me hago, yo soy, me admiro
(Para Julio)
Hay un pino,
en el Picacho,
que lleva tatuada
la seña de la trenza
de la cuerda que usaste
para colgarte.
Algún día
entre el nudo
de sus raíces
esconderé las palabras
pendientes
que oscilan
en el péndulo de mi lengua.
Quisiera, sin embargo,
que desde ya supieras
que desde tu suicidio
no pienso
en suicidarme.
Que ahora no comprendo
cómo pude haber pensado
—seriamente pensando
imaginando los cómo,
los dónde, los cuándo—
en matarme.
Es junio,
dentro de poco cumpliré
treinta y tres años.
Llueve todos los días
y la angustia de siempre
sigue intacta
adentro.
Soy más feliz que nunca
y este dolor
no lo cambio
por nada.
PRÓLOGO DE UN ADIÓS Leer más »