A merced de la templanza,
bajo silencios constantes,
con una timidez implacable
y alcanzando algunos libros
de pequeñas estanterías,
recuerdo los árboles más altos
que se veían desde la ventana
de mi corta infancia.
Tiempos más cálidos que fríos,
Más soleados que nublados,
más sólos que acompañados,
Pero más vivos que apagados,
formaron una perfecta compañía
junto a las personas indicadas.
Hubo,
Poco de juegos,
poco de personas,
poco de familia,
poco de amigos.
Pero también hubo,
Mucha observación
Mucha curiosidad,
muchas preguntas y,
unas cuantas letras,
o quizás muchas,
que funcionaron
más que como un tren de aterrizaje,
como un mecanismo de despegue,
como un trampolín
para aprender a llevar la mente
a cualquier lugar
regido por la imaginación.