Cuando las hojas caen, el árbol se preocupa y busca por todos lados la razón.
Revisa sus raíces,
no sea falta de sustento.
Comprueba su tronco,
descarta problemas en su madera.
Observa sus ramas,
todas parecen intactas.
¿Por qué si todo parece bien
caen entonces las hojas?
Cuando las hojas caen, el árbol se preocupa y busca por todos lados la solución.
Se mece con el viento,
recordando tiempos de antaño.
Prueba produciendo nuevos frutos,
pero ninguno satisface sus ganas.
Cambia de suelo en un esfuerzo inarbóreo
y las hojas cubren el sitio de nuevo.
¿De qué sirven sus esfuerzos
si las hojas no paran de caer?
Cuando las hojas caen, el árbol se preocupa y busca por todos lados su consuelo.
Oye el ave que canta en su copa
una canción que ya no le sorprende.
Siente el sol que golpea su corteza,
pero el calor no alcanza su médula.
Observa el bosque que reverdece,
y no comprende el porqué de su desnudez.
¿Qué es eso que tengo de malo,
que las hojas caen sin remedio?
Y es que no es el viento, ni la falta de agua, ni el silencio del bosque.
Son mis ramas vacías, lloviendo lágrimas de otoño,
rogándole a la primavera
un poco de compasión.