Poesía sin Respeto

Nombre del autor:Daniel Suárez

Un edificio que se escribe, levantado sobre los cimientos de la memoria. Aunque dedica sus días a la ingeniería, su reconstrucción ocurre en el papel. Aprendió a ensamblar los recuerdos y las heridas en literatura donde la vulnerabilidad y la esperanza conviven. Poeta por una ineludible necesidad, desarma el alma como un circuito, entendiendo que las emociones arman un rompecabezas donde cada pieza exige ser mirada sin defensas. Con un lirismo que transforma la ruina en un acto de fe, y el silencio en un lienzo para la reflexión, su voz atrapa por la atmósfera que logra crear. Su literatura invita a detenerse en medio del ruido, observar un mundo que cambia sin que nadie se inmute, y recordar que vivir amando siempre será un arte.

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Hacia el final del estío

Cuando las hojas caen, el árbol se preocupa y busca por todos lados la razón.

Revisa sus raíces,
no sea falta de sustento.
Comprueba su tronco,
descarta problemas en su madera.
Observa sus ramas,
todas parecen intactas.

¿Por qué si todo parece bien
caen entonces las hojas?

Cuando las hojas caen, el árbol se preocupa y busca por todos lados la solución.

Se mece con el viento,
recordando tiempos de antaño.
Prueba produciendo nuevos frutos,
pero ninguno satisface sus ganas.
Cambia de suelo en un esfuerzo inarbóreo
y las hojas cubren el sitio de nuevo.

¿De qué sirven sus esfuerzos
si las hojas no paran de caer?

Cuando las hojas caen, el árbol se preocupa y busca por todos lados su consuelo.

Oye el ave que canta en su copa
una canción que ya no le sorprende.
Siente el sol que golpea su corteza,
pero el calor no alcanza su médula.
Observa el bosque que reverdece,
y no comprende el porqué de su desnudez.

¿Qué es eso que tengo de malo,
que las hojas caen sin remedio?

Y es que no es el viento, ni la falta de agua, ni el silencio del bosque.
Son mis ramas vacías, lloviendo lágrimas de otoño,
rogándole a la primavera

un poco de compasión.

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ingenio

De qué le sirve el ingenio
si ridículo resulta
temblar ante la amenaza
huyendo a la oscuridad.

Y de qué le serviría
a una voz despedazada
en silencios que no encajan
y que ocultan la verdad.

De qué le sirve el ingenio
si la mirada sepulta
el destello que desplaza
la cansada soledad.

Pregunta qué sentiría
en una escucha opacada
por mentiras que le atajan
de regreso a la frialdad.

De qué le sirve el ingenio
a la mano que, inconsulta,
cualquier contacto rechaza
huyendo de la piedad.

Ignorante pensaría
con la cabeza nublada
por dudas que ahora viajan
de si solo es amistad.

El ingenio no me sirve
cuando el espejo me insulta
con mi rostro que disfraza
a mi propia voluntad.

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