De qué le sirve el ingenio
si ridículo resulta
temblar ante la amenaza
huyendo a la oscuridad.
Y de qué le serviría
a una voz despedazada
en silencios que no encajan
y que ocultan la verdad.
De qué le sirve el ingenio
si la mirada sepulta
el destello que desplaza
la cansada soledad.
Pregunta qué sentiría
en una escucha opacada
por mentiras que le atajan
de regreso a la frialdad.
De qué le sirve el ingenio
a la mano que, inconsulta,
cualquier contacto rechaza
huyendo de la piedad.
Ignorante pensaría
con la cabeza nublada
por dudas que ahora viajan
de si solo es amistad.
El ingenio no me sirve
cuando el espejo me insulta
con mi rostro que disfraza
a mi propia voluntad.