Mientras se cierra el telón

Las noches, luciérnagas danzantes, 

prenden y apagan hasta no brillar más.

Se avista el valle desde las montañas.  

Esbeltos edificios, 

forjados con sudor y lágrimas,  

como Dioses del Olimpo.   

Pared, pared, ventana, ventana. 

Transeúntes apresurados, esclavitud moderna,

marionetas infelices entre la multitud. 

El cielo gris, la ciudad vana.

A mis pies veo brillantes esculturas,  

más humanos que la erizada ciudad.