Poesía sin Respeto

Poemas a partes del cuerpo

Poemas que hablan del cuerpo que habitamos: de la lengua, los pies, el dedito gordo, la cabeza, el corazón que va latiendo, entre otros.

Piel

Le hice una promesa a mi piel y a lo que habita debajo.

Le prometí pudor, pero no vergüenza
Le prometí entenderla cuando arde o cuando la soledad la habita
Le prometí vuelos, furia y aventura
Le prometí ser la envoltura perfecta de un corazón
Le prometí noches profundas de luna llena y otras incompletas de tanto amor
Le prometí ser el inicio y el final de mis orgasmos.

No haré maromas para que la quieran,
quien la ame, amará sus esquinas, su centro, sus medios, sus bajos.
Quien la ame amará su corazón con heridas,
las cuidará hasta que sean cicatriz

Le prometí a mi piel ser entera y ser pedazos, pero ser
Le prometí ser franca aún cuando parezca mentira
Le prometí resaca y locura
Le prometí caricias mías y de otros
Le prometí ser todas las mujeres que habitan dentro de ella
y también ser ninguna.

Habitable e inhabitable piel,
prometí darte vida,
y eso haré hasta el fin de mis días.

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Manos frías, palabras congeladas

Hace días ando con las manos frías,
sin importar si están enguantadas
o enterradas en los bolsillos de la chaqueta

Tengo el esmalte descolorido y escarchado,
las uñas me brillan como el suelo de la primera nevada,
las venas, azules y oscuras son ríos congelados
y las palmas blancas al apretar el lápiz

Hay días que las veo más arrugadas,
cual grietas en un glaciar,
y si agarro el café, así esté hirviendo,
queda tibio cuando lo suelto

Hace días ando con las manos frías,
mi mamá, en las tardes de calor, me pide que se las ponga en la frente.
Y yo me las llevo a los labios para congelar las palabras que digo,
dejando que bailen en el aire como los copos en las ventiscas

Antes tenía las manos tibias,
cuando intentaba hacerme sombra con ellas
el sudor de mis dedos se mezclaba con las gotas de mi frente.
Y en las tardes de calor inclemente,
me la pasaba abanicando aire caliente a la cara.

El calor hacía a mis dedos torpes e incómodos,
derritiendo todo lo que tocaban,
dejando rastros pasajeros de lo pensado, de lo sentido,
de lo vivido.

Me gustan mis manos frías,
pienso con más calma,
siento sin afán,
no odio
no resiento,
Amo como el frío.

Frío para congelar el recuerdo, observar, entenderlo
y mantenerlo por más tiempo en la nevera

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Yo ya no mando en mi cabeza

Manda ese hueco en el estómago,
ese nudo en la garganta,
mi mandíbula apretada,
y los uñeros en mis dedos

Mandan la ojeras, moradas alguno que otro día,
negras casi siempre,
el dolor en la frente
mandan las plegarias repetidas,
el estrés que va y viene en círculos

Manda el “será que sí”,
y el “de pronto mañana”,
manda el “más tarde”,
el hambre selectiva y la respiración entrecortada.

Yo ya no mando en mi cabeza,
en mi cabeza mandas tú.

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Un amor real

Tal vez soy demasiado joven para imaginar el amor,
para pintar en ese lienzo en blanco una historia,
pero puedo crear una propia

Mi amor es aquel que se expresa solo con leves gestos,
“Buenos días amor” el primer mensaje del teléfono cuando despiertas.
o ese café con leche que te piden en la cafetería sin que tú digas nada.

En el leve roce de una mano contra la tuya,
en la puerta cerrada cuando dices que necesitas espacio.

El amor se puede ver en la sonrisa asimétrica que te regalan cuando te ven,
o en la carcajada que sueltas cuando se te cae la comida encima.

Pero esto es solo mi definición de amor

MI definición.

Porque, seamos sinceros, ninguna historia es igual a otra.
Porque los amores son tan diversos como las vidas mismas.

Así que… ¿Por qué molestarse en definir el amor si hay miles de definiciones posibles?

Mejor, permitamos que cada uno cree su propia historia de amor verdadero.

Con sus celos,
sus canciones,
sus gestos,
sus caricias,
sus “Te amo”,
sus preocupaciones y rarezas,
sus besos y abrazos.

Dejemos de definir el amor,
y abandonemos la practica de crear historias perfectas para los demás.

En vez de eso concentrémonos en crear la nuestra,
y que sea imperfecta.

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Lengua

Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel.
Darío Jaramillo Agudelo

Tu lengua,
Tu sabia lengua que inventa mi piel,
Poderosa arma en contra de todo raciocinio,
Éxtasis que compensa el tiempo distanciados.

Tu lengua,
Tu orgullosa lengua que se exhibe sin miedos,
Invitación a desprenderme de mí,
Y, al mismo tiempo, arder en cada fibra.

Tu lengua,
Tu altiva lengua que no entiende de altos,
Abre paso a la conquista de lugares inexplorados,
Cuán sabia, se inventa un lenguaje para dos.

Tu lengua,
La mía,
Hasta olvidar identidades,
Hasta saciar la sed de nosotros.

Ven, Bailemos.

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El valle de mi barbilla

Mi barbilla se divide en tres,
un pequeño valle
se forma entre las cordilleras de mi mentón.

En ese valle está mi padre,
mi abuelo y mis antecesores.
Se ocultan
y con sigilo
me susurran en sueños,
me guían entre laberintos
y me recuerdan que soy parte de un gran árbol,
cuyas raíces se extienden
por muchas manos,
por muchos rostros
por muchas barbillas con agujeritos.

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Lenguas

Envuelta en la humedad
esperó paciente.
No la noté por andar pendiente de unos ojos.
Suave, serena,
recostada sobre las rocas blancas de esa playa oscura,
se revuelca en la marea que asciende,
sube
poco a poco se provoca.
Y en su tímida piel
aguarda una señal,
el toque a su guarida
antes de la invasión.
La luz del exterior,
el aire frío,
un aliento, un suspiro.

Entra, siente, estírate tú también.
Acomódate en sus formas.
Sal,
respira
y vuelve a entrar;
Esta vez sin permiso, sin tocar.
Ahora también es tu casa,
siéntete cómoda.
Abrázala y déjate abrazar.

De tanto sentir, olvidarán que están separadas,
se creerán una misma masa,
cálida,
flexible.
Sentirán sus carnes rozar,
humedecerse mutuamente.
Y cada vez querrán llegar más,
un poco más allá,
al lugar en el que nacen las palabras.
Los deseos más profundos,
el sabor de ambas almas.

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