Poesía sin Respeto

4 de marzo del 98

Una quebrada, a veces alborotada

por las fuertes lluvias,

otros días caía suave sobre las rocas.

Una quebrada que dividía dos calles. 

Al lado derecho, una escuela grande 

con mallas en sus cuatros lados. 

Niños y niñas, corriendo, riendo, comiendo. 

Los maestros conversaban entre ellos. 

¡Pólvora, pólvora! —no es pólvora 

Son disparos —gritan a lo lejos.

Gritos ahogados, pisadas sin forma, 

Cuiden a los niños, póngalos

debajo de los escritorios

—dice un maestro. 

Una niña corre cinco cuadras más allá de la quebrada 

a su casa con dos cuartos, 

el de papá y mamá, 

el principal, al lado de la puerta. 

El suyo y de su hermano,

al lado del baño. 

¡Ay! ¡Ay! Mi esposo, mi negro 

—grita la madre de la niña desolada, ahogada,

apenas si podía respirar.

¡Lo mataron, lo mataron! 

—decía el tío a otras personas

que iban llegando a la puerta

averiguando qué sucedió.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *