Morirse por fuera
El cuerpo se derrumba,
tumbado en la cama,
como la flor que se arranca
deja de brillar.
Con poco aliento
reclama tiempo
Es absurdo cuando hay un deseo.
Valientes aquellos,
que, con el cuerpo enfermo,
viven con la fuerza del alma
El cuerpo se derrumba,
tumbado en la cama,
como la flor que se arranca
deja de brillar.
Con poco aliento
reclama tiempo
Es absurdo cuando hay un deseo.
Valientes aquellos,
que, con el cuerpo enfermo,
viven con la fuerza del alma
Cuando en las noches extiendo mi mano para sentirla cerca,
ella, con la confianza con la que se toma algo que se sabe propio,
la utiliza para hacer una manta.
Enredo mi nariz en su cabello,
el aire me trae un olor a muñeca nueva.
Pronto, siento el calor de dos cuerpos
que están cerca,
muy cerca.
Me alejo
solo un poco.
Un poco para tener mi espacio,
sin dejar de sentirla, de respirarla.
Un poco para extrañarla
y traerla a mí cuando la necesito.
Solo un poco,
como dos puercoespines
que se necesitan juntos
pero no tanto
para no lastimarse.