Fue un amor lleno de errores ortográficos,
muchas tildes puestas en lugares sin acento,
muchas comas donde nunca debieron existir pausas,
excesos de signos de interrogación que nos llenaban de incertidumbre,
exclamaciones fuertes invadiendo la ternura.
Lo peor fueron los puntos suspensivos…
Una desesperanza que mantenía unido lo ya roto,
que nos obligaba a encontrar razones donde ya sólo había excusas,
un ir y venir lleno de desencanto,
un desgaste infinito que sólo añoraba un punto final.