Poesía sin Respeto

Mónica Mejía

Creo que era un jueves de 1984 cuando a eso de las 6:00 p.m. sonó el teléfono. Era el mayordomo diciéndole entre lágrimas a Don Hildebrando: “¡Nos robaron! ¡Tanto esfuerzo y se los llevaron!” Hablaba de unos huevos de gallos de pelea. Esos de casta y colección en los que cada yema puede valer lo mismo que una guev=?¡$%... Unos que yo había transformado en torta decorada con flores del jardín y había terminado con un letrerito hecho de arena. Mi papá desde siempre me describe como un terremoto, yo lo siento como chispa voladora. Criar dos hijos medio-sola hace parte de mi historia, dejo mi alma llorar con mucha facilidad, amo a Loreena McKennitt, Massive Attack y podría lamerme entero a Ludovico Einaudi. Escribo y rayo en cualquier parte. No hay servilleta que salga invicta. Tengo el don de volar y mi mente recorre los campos verdes de Irlanda, el lugar al que llegaré pronto, cuando sea el momento. Soy impaciente, teta a morir, criticona y autocrítica. Lo cuestiono todo. Tengo 45 años pero estoy volviendo a nacer. Cometí mil errores y elegí mirarlos de frente sin miedo, porque ya no los traigo conmigo en este nuevo camino. Quiero una vida más tranquila y segura, en una casita de madera en medio de un bosque de pinos y neblina. Le doy un valor distinto a las cosas, creo que desde los huevos. Que a propósito: no me odien por eso. Me despido asegurándoles que nací con banda sonora incluida y que, mi verdadero amor, el viento, es el único que puede entrepiernarme sin piedad.

V I E N T O

Me encontraste
pequeñita
silenciosa y bonachona.

Pudiste pasar de largo
Secar todo alrededor
y simplemente convertir en costras mi sangre,
pero a cambio me sacudiste el alma.

Me encontraste en el parque,
montada en un columpio anaranjado,
descalza y despeinada.
Me elevaste y desde ese día,
volar se volvió un permiso.

Me encontraste
una tarde de otoño en una de las calles más solas de Belgrano.
regalándome el nado sincronizado de unas hojas con su último traje
a las que después de caer
les llegó la libertad de volar.

Si te marchas

Si te marchas
hazlo con ruido
(Elvira Sastre – Ruido)

Si te marchas
antes de las 6:00,
limpiaré todo con lavanda,
sacaré el polvo,
exorcizaré tus pecados,
cambiaré de cojines,
me secaré las lágrimas,
compraré muchas matas
y llenaré de velas y burbujas la bañera
que, de ahora en adelante,
solo me abrazará a mí.

Si te marchas
después de las 9:00,
hazlo con ruido.

Que tu portazo sea la nota
que empieza esta fiesta.